Historia

En el municipio de Tetiz se venera una imagen de la Virgen bajo la advocación de la Asunción. De cariño se le nombra “La pobre” o “La peregrina de Loreto” y ello se basa en una antigua leyenda que narró el Obispo Crescencio Carrillo y Ancona en su “Historia del obispado de Yucatán”.

Un sábado, en tiempos de adviento, tocó a las puertas del monasterio de Nuestra Señora de Loreto, en el pueblo sevillano de Espartinas, una misteriosa mendiga. Del lugar salió el portero, Fray Francisco de San Buenaventura, muy conocido por sus actos de caridad, a quien la mendiga le suplicó una limosna para reconstruir su casa que se encontraba en estado ruinoso. Ella le dijo que vivía con su hijo, con quien sufría hambre, sed y desnudez.

La mujer le suplicó: “Padre mío hoy solo quiero de vos una limosna cualquiera, con la promesa de socorrerme después más largamente, o como podáis, porque os aseguro que otra vez hemos de volver a vernos. Yo os aseguro que contemplaréis con vuestros propios ojos el lamentable estado de mi humilde choza, y que entonces sabréis toda mi historia”.

Al escucharla, el religioso fue hasta su celda y, pobre como era, le dio en respuesta una moneda, la única que había guardado por años. La misteriosa mendiga, hermosa como solo ella, al ver la caridad de este fraile le dijo que algún día él iba a reconstruir la casa donde ella habitaba con su hijo.

Cuatro años después de aquel suceso, Fray Francisco de San Buenaventura fue nombrado Obispo de Tricali y auxiliar de Cuba y Florida. Hacia 1746 fue nombrado Obispo de Yucatán, en la Nueva España, diócesis de la que tomó posesión el 15 de julio de 1746.

Realizando visitas pastorales, aun en los más apartados pueblos y aldeas del estado, llegó al viejo curato de Hunucmá. Abnegado como era, no desistió de visitar los pueblos colindantes, aun lo más pobres. Una mañana de sábado de adviento, al igual que el de Sevilla, se dirigió a Tetiz, aldea de indígenas y cuya capilla de palmas de bajareque se caía con las lluvias.

En solemne procesión y bendiciendo al pueblo, el Obispo se dirigió al presbiterio donde observó que se encontraba una imagen de Nuestra Señora, al mirarla de cerca, dice la leyenda, observó en sus facciones a aquella mujer mendiga de Loreto, y aproximándose a besar la orla de su vestido, ¡vaya sorpresa!, detuvo su mirada atónita sobre una moneda, la misma que le había dado catorce años atrás y a dos mil leguas de distancia.

Ante tal hecho prodigioso, el célebre Obispo mandó a construir una iglesia digna con camarín para la milagrosa Virgen del pueblo y propagó profundamente su devoción. Desde entonces se volvió un devoto de la Señora de Tetiz y reconstruyó aquel templo humilde, mismo que existe en la actualidad junto con la moneda de “La Pobre de Dios”.