Epilepsia infantil

La epilepsia es una enfermedad neurológica que se caracteriza por la predisposición a presentar convulsiones recurrentes, generando consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales, según la definición de 2014 de la Liga Internacional contra la epilepsia (ILAE). Más de 60 millones en el mundo padecen epilepsia, siendo la prevalencia estimada de 4,9 por cada 1.000 personas en los países desarrollados, triplicándose esta cifra en los países en vías de desarrollo.

Los niños y las personas mayores son los que tienen más riesgo de padecer la enfermedad. Las crisis epilépticas más frecuentes en la infancia son las crisis febriles.

Alrededor del 3% de los niños menores de 5 años las pueden presentar y ocurren en relación a un proceso febril. En la mayor parte de los casos son benignas y autolimitadas, pero un porcentaje bajo de pacientes (6%) pueden desarrollar epilepsia a largo plazo.

¿Qué puede provocar esta enfermedad?

Son muchos los motivos, las crisis epilépticas en los niños pueden ser debidas a causas prenatales como son las cromosomopatías o las enfermedades hereditarias (enfermedad de Lafora o el complejo esclerosis tuberosa, por ejemplo), las malformaciones del SNC, infecciones prenatales o enfermedades maternas. Pueden ser ocasionadas por lesiones perinatales como es el caso de la encefalopatía hipóxico-isquémica. Dentro de las causas postnatales estarían los traumatismos craneoencefálicos, los tumores cerebrales o las secuelas de las infecciones del sistema nervioso central.

Pronóstico:

Alrededor de un 20-30% de los pacientes epilépticos tienen un pronóstico que se considera muy bueno, como es el caso de las crisis neonatales benignas, las epilepsias parciales benignas de la infancia o las ausencias infantiles, desapareciendo las crisis epilépticas tras recibir tratamiento durante unos años.

En un 30-40% de los casos el pronóstico es bueno, con control adecuado pero necesitando un tratamiento continuado, este sería el caso de la epilepsia mioclónica juvenil. Otro 30% tienen un pronóstico malo, al persistir las crisis a pesar del tratamiento, como es el caso de las epilepsias mioclónicas progresivas, el síndrome de West o el de Lennox- Gastaut.