Organiza los espacios

1. No dejes que el desorden se extienda:

Si, por ejemplo, en tu habitación hay cosas tiradas en el suelo y otras en los lugares incorrectos, casi como por arte de magia esto se “contagiará” a otros ambientes. Por el contrario si en un sector de la casa todo está en su sitio, la mente querrá repetirlo en otros rincones.

2. Lo usas, lo guardas:

O también, “lo tocas, lo haces”. Por ejemplo, cuando haces la compra, sacas todos los productos de las bolsas y la guardas en la nevera o alacena según corresponda. Las bolsas las doblas y acomodas en el cajón designado para ellas. Al terminar de comer, recoges las cosas de la mesa y las llevas directo al lavavajillas.

3. No acumules:

Cuantas menos cosas tengas en casa más fácil te será mantener el orden. El minimalismo o la decoración zen son perfectas en estos casos. Pasar un trapo por una mesa vacía no es lo mismo que por un mueble repleto de adornos, marcos de fotos, objetos decorativos, etc.

4. Cronometra el tiempo por ambiente:

Por ejemplo, si tu día de limpieza es el sábado o el domingo (como el de muchas personas) no querrás pasarte toda una mañana o toda una tarde fregando y ordenando.

Una buena manera de evitarlo es definir el tiempo que necesitas para cada habitación. Por ejemplo, 15 minutos para el baño, 20 minutos para la cocina, 15 minutos para la sala, etc.

5. Ordena lo que más se usa primero:

Quizás sea la sala o la cocina, tal vez la habitación o el comedor. Comienza por ellos. Recuerda que si esos sitios están ordenados luego tendrás más energía para limpiar los demás.