Salud mental

Desde hace algunos años, Yucatán ha estado a la cabeza de las estadísticas nacionales en relación con el suicidio y algunas conductas de riesgo como el alcoholismo.

Solo en 2018 se registraron alrededor de 226 fallecimientos y el INEGI nos catalogó entre los primeros lugares del país; por su parte el sector Salud Federal localiza a Yucatán en el 1° lugar con relación al alcoholismo hasta el cierre de 2018.

Debido a ello, diversas instancias y asociaciones unen esfuerzos para trabajar a favor de la prevención y atención de esta crisis de salud pública. Sin embargo, los números aún son alarmantes.

Es posible que uno de los motivos por lo que las redes de apoyo preventivas no han surtido el efecto esperado, sea debido a que dentro de la educación (escolar y familiar) no se había instaurado un modelo que establezca la salud mental como parte primordial de la formación integral de las personas.

Por ello, culturalmente y de manera lamentable, tendemos a ver conceptos como emociones, psicología, ansiedad o depresión como una debilidad y, hasta cierto punto, con vergüenza.

Quizá hemos sido testigos silenciosos de cierta sintomatología riesgosa dentro el salón de clase o en la dinámica familiar y no hemos sabido cómo manejar ni canalizar tal situación. Así pues, es menester otorgar a la salud mental la importancia que merece y para ello debemos empezar desde los cimientos de la educación: en primer lugar, la familia, y en segundo, la escuela.

Ante dicha necesidad, la Secretaría de Educación Pública tuvo en este ciclo escolar el acierto de dar énfasis a las habilidades socioemocionales, no solamente como una materia, sino como foco transversal en todas las asignaturas y áreas. Los maestros continúan invirtiendo en la capacitación para la construcción de herramientas que fortalezcan la atención al ámbito emocional de los alumnos, y con ello podemos esperar un avance desde los niveles básicos en la expresión saludable de las necesidades emocionales, educativas y físicas de los estudiantes y ayudar en la prevención de conductas de riesgo en niños y jóvenes.

Familia, el foco

De nada servirá que la sociedad y la educación promuevan programas y apoyos en la promoción de la salud mental, si en la familia no prestamos atención a las necesidades de nuestros hijos.

Desde pequeños podemos formarlos en la educación socioemocional por medio de nuestra guía para ser más autónomos, empáticos, inclusivos, reflexivos y emocionalmente inteligentes. Nuestro ejemplo será clave para entender cómo resolver los conflictos.

Mantener un canal de comunicación abierto y empático permitirá que tus hijos puedan expresar cuando se sienten solos o perdidos.

Es probable que, mediante una nueva concepción de la salud mental y reafirmando su valor en la educación, las personas vulnerables puedan solicitar apoyo de manera más abierta, ya sea dentro de la familia, escuela o centros de atención a la prevención del suicidio.