Sí, pero…

El conflicto secesionista en Cataluña vivió ayer una jornada de infarto cuando el jefe del Gobierno regional, Carles Puigdemont, declaró la independencia unilateral y la suspendió de inmediato para pedir diálogo y una mediación internacional que ayude a superar la crisis abierta con España.

El giro “in extremis” tras horas de alta tensión política entre Barcelona y Madrid complica aun más un escenario ya de por sí imprevisible. El Gobierno de Mariano Rajoy se apresuró a rechazar ayer el diálogo “fuera de la ley” y hoy reunirá un consejo de ministros extraordinario para decidir su reacción al paso que dio Puigdemont.El líder secesionista acudió al “Parlament” en Barcelona oficialmente para informar sobre el proceso soberanista. Se esperaba que pudiera aprovechar su discurso para anunciar una declaración de independencia unilateral (no aceptada por España), planteando así un desafío inédito al Estado central y un conflicto impredecible en Europa. Una hora y media más tarde de lo previsto, Puigdemont compareció ante el pleno y comenzó su esperado discurso advirtiendo de que la crisis es “un asunto europeo” y hablando de “la necesidad imperiosa de desescalar la tensión”. “No esperen ni amenazas ni chantajes ni insultos de mi discurso”, anunció.

Tras definir a los catalanes como “gente normal que pide poder votar”, anunció entre los aplausos de la cámara: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república. Esto es lo que hacemos hoy con toda solemnidad”.