Tragedia

Los voluntarios cavaron ayer con sus propias manos entre los escombros de los inmuebles derribados por el poderoso terremoto de 7.3, que mató al menos a 400 personas en la región montañosa en la frontera entre Irak e Irán.

Casi todas las víctimas vivían en una zona que fue reconstruida desde que concluyó la guerra de la década de 1980.

El terremoto de magnitud 7.3 ocurrido la noche del domingo tuvo su epicentro a 31 kilómetros de la ciudad de Halabja, en el este de Irak, según las últimas mediciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Hasta el cierre de edición, las cifras oficiales reportaban 407 muertos, mientras que la agencia semioficial iraní Tasmin informaba de 445 fallecidos.

El sismo ocurrió a las 9:48 de la noche, hora de Irán, justo cuando la gente se iba a dormir. Causó la muerte de 407 personas en Irán e hirió a otras 7,156 personas, dijo a la televisión estatal el portavoz de la oficina de manejo de crisis de Irán, Behnam Saeedi. Informó que la mayoría fueron atendidos por lesiones leves y dados de alta. Agregó que menos de 1,000 personas aún siguen hospitalizadas.

Los daños más graves parecían haber ocurrido en la ciudad kurda de Sarpol-e-Zahab, en la provincia iraní de Kermanshah, en las montañas de Zagros.

El papa Francisco ofreció rezos por los muertos en Irán e Irak.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, ofreció sus condolencias e instó a los rescatistas y a todas las agencias gubernamentales a hacer todo lo posible para ayudar a los afectados. Está previsto que el presidente del país, Hassan Ruhani, visite hoy las zonas dañadas.