Oficio difícil

A sus 65 años de edad, Luis Kim Ontiveros, con un poco de dificultad, pero con el optimismo de siempre, pedalea su triciclo por toda la ciudad, en busca de ollas para reparar rústicamente, tal y como su señor padre le enseñó, cuando apenas tenía escasos 10 años.

Desde San Joaquín, Luis, como todas las mañanas, después de ayudar con las labores del hogar, sale a las 9 de la mañana, para emprender el largo recorrido, con el que hasta el momento provee de sustento a su familia.

No lo espanta, el frío, el calor, ni la lluvia, siempre está dispuesto a trabajar.

Aunque un poco casado y con la piel quemada por el fuerte Sol, el buen hombre, no pierde la fe, ni las ganas, pues asegura que siempre va existir alguna persona antigua, que se interese por reparar sus ollas.

Luis Kim ofrece el remache a 20 pesos, según sea el caso o el desgaste del comal.

El sendero no es fácil, pues ha pasado días sin reparar nada, y cuando bien le va, alcanza a juntar 100 pesos al día, esfuerzo del trabajo arduo y la entereza con que por más de 7 horas maneja su triciclo, sin perder el aliento.

Ser remachado de ollas, ya no es redituable, pues según, con el paso de los años, las amas de casa se niega a la reparación de sus comales, pues les es más fácil tirarlos a la basura y comprar artículos de cocina nuevos, privando a Luis de trabajo; sin embargo, quien asegura que mientras haya vida y salud, continuará pedaleando por las calles.

Este es uno de los oficios que están desapareciendo en la ciudad , tan sólo quedan dos personas.