Trabajan

En el marco del Día Internacional del Día Mundial Contra el Trabajo Infantil,

El pequeño Carlos Alberto Ucán, es uno de los tantos niños que día a día trabajan para llevarle el sustento a su familia en Tizimín.

El niño apenas tiene 7 años de edad, y relata que todas las tardes, después de salir de la escuela, su madre le prepara bolsas de pepitas para que venda en las calles.

Tiene 11 hermanos que estudian y una hermanita de 2 años de edad. Su padre es albañil y su madre se dedica al lavado ajeno.

Su punto de venta es la gasolinera que está en la salida a Valladolid, donde pasa cerca de tres horas vendiendo las bolsas de pepitas a $5 cada una y, en ocasiones, también le toca vender huaya.

Según dice, a las 6 de la tarde ya lo espera su mamá y se tiene que ir. La mayoría de las veces logra vender hasta $50 en un día y su mamá le da $10 como premio.

Agrega que aunque le gustaría jugar, no tiene juguetes y prefiere ganar dinero para ayudar a su mamá.

Incluso en la gasolinera, los despachadores ya le han tomado cariño, tanto que hasta le dicen que es la mascota.

Como Carlos, existen más niños en Tizimín que suelen andar en las calles con su madres vendiendo huayas o caramelos, incluso por las tar des, en la puerta de una tienda de conveniencia que está en la plaza principal, se sienta una niña a ofrecer sunchos, palanquetas o caramelos.

En los talleres mecánicos también se dan casos de niños que laboran como diligencieros o chalanes de los mecánicos.

Trabajo por gusto, no por obligación

Sergio Novelo y Carlos May tienen 12 años y son niños de escasos recursos que viven en Hunucmá. En su caso, dicen que trabajan más que por obligación, por gusto, para tener su propio dinero.

Sergio labora en una tienda donde venden refrescos.

—Vengo en mis tiempos libres y el dinero que gano es para mí—, dice.

Agrega que le gusta el trabajo, el cual combina con sus estudios en la secundaria José León Bojórquez.

Carlos, por su parte, está en proceso de aprender el oficio de zapatero en la calle 31 entre 30 y 32. Él también se dedica a estudiar la secundaria en las tardes y parte de lo que gana lo destina a comprar alimento para los pajaritos que tiene.

Necesitan ayudar a sus familias

En Tekax también abundan los niños que trabajan limpiando motos, carros y parabrisas en las gasolineras. En el centro de la ciudad, el pequeño Marcos May dice que tiene que trabajar, ya que con lo que gana ayuda a su mamá y tiene su gastada para la escuela, pues su padre falleció hace unos años.

Desde temprano él y Gerardo Canché de 10 años se trasladan a su trabajo en la gasolinera, donde limpian motos, carros y parabrisas, ganando las propinas.

Ambos viven al oriente de la ciudad y Gerardo tiene que trabajar para ayudar a su mamá. Gana cerca de $150 diario en propinas y con eso se ayuda, ya que su papá es albañil.