El espanto del cementerio

Hay quienes frecuentan muy seguido los cementerios, otros año con año, e incluso hay quienes casi nunca van. Si bien las razones son variadas, otros, en cambio, deben estar día tras día en tales sitios por trabajo.

Uno de los empleados de conocido cementerio de Campeche relató que durante su diaria labor ha sido testigo de hechos extraños en dos ocasiones.

“La primera ocurre casi siempre para estas fechas donde personas van y agarran cosas del suelo, arena, flores, hojas y cosas así. Esa gente como que habla sola o es al menos lo que aparentan”, dijo.

Pero la situación que más recuerda fue la noche en la que ingresó un compañero.

“Era su primer día de trabajo y como se quedó material y las herramientas por la ampliación que se estaba haciendo en el cementerio, teníamos que quedarnos a vigilar. Ese día me tocó ser relevado por un muchacho, le expliqué más o menos cómo estaba todo y me fui. Le dejé mi número por si acaso.

“Cuando estaba por el quinto sueño, escuché que timbraba el celular. Vi el número extraño y contesté. Era el amigo llorando porque escuchaba llantos de niños en el cementerio y pedía que lo ayudara o se iba.

“Estaba lejos y era de noche y le dije que se encerrara mejor en el cuarto y que dejara las cosas, que tempranito lo iba a ver”, indicó.

“Cuando llegué ya se había ido, como hasta el sol de hoy que no lo he vuelto a ver. Esa noche me tocó a mí, y ¿qué era? Era una manada de gatos que tenían sus crías cerca y por eso se escuchaban los llantos como de un nené. Claro que me espantó, pero a la vez me dio risa”, recordó.