El porqué de las estrellas de mar

Había una vez en la hermosa isla de Creta un pescador noble y apuesto, pero muy pobre, que todos los días trabajaba incansablemente para mantener a su familia.

Este muchacho se enamoró de una jovencita, la más hermosa de todo el lugar y de pronto ella se convirtió en su más grande razón de vivir.

Pero había un problema: no tenía nada que ofrecerle.

Al mismo tiempo, la muchacha tenía otro pretendiente, el hijo de un acaudalado comerciante que constantemente la llenaba de regalos.

Ella no sabía por cuál de los dos muchachos decidirse. Era cierto que su pretendiente rico podría concederle seguridad de por vida, pero la verdad era que no lo amaba. En cambio, el pescador le parecía guapo y había sabido ganarse su corazón con sus tiernos afectos y sonrisas. El único problema es que su pobreza le impedía tomarlo en serio.

Cuando el joven acaudalado le propuso matrimonio, el pescador entró en desesperación. No sabía que más hacer para convencer a su amada de que se quedara con él.

Con sus últimas esperanzas quiso convocar al dios griego Poseidón, que vivía en lo más profundo de los mares, para que le brindara su ayuda.

“Yo sé que no tengo más nada que ofrecer que mi esfuerzo y mis buenos sentimientos”, dijo, “pero yo daría mi vida por la mujer a la que amo. Ayúdame a conquistarla, obséquiame un regalo que la haga quedarse a mi lado”.

Conmovido por el amor del muchacho, Poseidón subió y fue apagando una por una las estrellas del firmamento. Estas cayeron en la playa a los pies del pescador, quien las recogió agradecido.

Antes de que su amada accediera al compromiso, la citó en la playa para tener una última conversación.

Ella, intrigada, decidió encontrarse con él con la idea de decirle que dejara de buscarla. Había tomado una decisión y estaba convencida de que casarse con su pretendiente rico era la mejor opción.

Cuando llegó a la costa, vio que el pescador le esperaba todo vestido de blanco, a la orilla del mar azul. Él caminó hacia ella con una sonrisa y abrió las manos, revelando las miles de estrellas que habían caído desde el cielo. Eran su regalo, para demostrarle que nunca dejaría que quererla.

Al ver esto, la muchacha sintió que su corazón latía desbocado y no tuvo más dudas, amaba al pescador tanto como él la adoraba a ella, y aunque no tuvieran nada, nunca les faltaría lo más importante: el amor verdadero.

Los dos se casaron y estuvieron juntos por el resto de su vida.

Y las estrellas que simbolizaban su cariño se quedaron en la playa, multiplicándose como recuerdo de su historia. Es por eso que hasta ahora, las estrellas de mar siguen siendo especiales.